domingo, 27 de abril de 2014

Como la niebla al levantarse

La Escribana del Reino
Me quedé un día observando un paisaje nebuloso. La niebla era tan espesa que no dejaba ver a través de ella y las cumbres montañosas sólo podían imaginarse. La visión resultaba triste, húmeda, fría y desoladora. A mi alrededor sólo había una masa gaseosa y espesa que nublaba cualquier atisbo de luz.
Sin embargo, en cuestión de minutos, la niebla empezó a alzarse, la luz apareció y el paisaje (incluso el pico más alto de la montaña) pudo apreciarse en toda su belleza.
Pensé entonces en cómo cambian las cosas en cuestión de tiempo y de las circunstancias. El mismo lugar físico que me transmitió desolación minutos antes, me transmitía en ese momento alegría y optimismo. ¿Qué había ocurrido? Algo tan sencillo como que la luz pudo con la niebla y se impuso sobre la oscuridad.
Trasladé la metáfora a la vida cotidiana: vivimos a veces rodeados de niebla; otras, bajo un sol aplastante; y la mayoría, entre sol y sombras. Cuando la humedad de la niebla se nos haga insoportable o la luz abrasadora del sol insufrible, pensemos que todo pasa y que seguimos siendo los mismos en cualquier estado, por mucho que éste nos afecte.
Así como la niebla física se levanta en cuestión de minutos vencida por la luz, así también la otra niebla –la niebla emocional- desaparecerá de nuestro alrededor vencida por la alegría de vivir.
Esta reflexión en aquel momento me aportó serenidad y mi experiencia vital me ha demostrado después que así es.
M.E.Valbuena
sábado, 26 de abril de 2014

¿Sómos ovejas?


En la calle González del Lama de León alguien dejó este dibujo y estas frases.
Un banquero -con risita incluida- vendiendo una hipoteca a una oveja -¿yo o alguien cercano a mí?-
Eran otros tiempos -¿qué rápido pasa el tiempo?-.
Que nos ayudarán a pensar y a actuar de otra manera.
Nos ayudarán a vivir con otros valores.
Nos ayudarán a darnos cuenta de que echar balones fuera no sirve.
No es fácil evadirse del ambiente.
Ni es fácil nadar contracorriente.
Pero, ¿alguien nos dijo que era fácil?
En el TE nos enseñan que somos los que gobernamos nuestra vida, que no hay disculpas, que no vale echar las culpas a otros...
Cuando nos demos cuenta de las grandes posibilidades que tenemos, será cuando no nos hará falta seguir el rebaño.
¿Qué te dice a ti esta pintada?
La redacción del blog
viernes, 25 de abril de 2014

Claves para una "eterna primavera"

Asombrar (se)
En las siguientes líneas vamos a indicar algunas pistas para conseguir no "la juventud eterna", sino para vivir tan intensamente los momentos de nuestra existencia, que aunque seamos viejos, sigamos creciendo psicológicamente. He aquí las "palabras claves": asombrar(se), explorar, sentir y "la fuerza de lo presente".
Lo contrario de la rutina es nuestra capacidad de sobrecogernos ante las cosas grandes y también de las pe­queñas. Es un buen indicador de que estamos vivos (y creciendo) si somos capaces de sorprendernos ante lo cotidiano: el cambio del corte de pelo de la mujer, el rostro serio o alegre del marido, la mirada triste del hijo adolescente, el saludo afectuoso del amigo, etc.
Crecer psicológicamente es no pasar de largo ante lo que ocurre a nuestro alrededor, sea del signo que sea. Es, por otra parte, la actitud del bebé, que madura a través de las experiencias externas: calor, frío, afecto, cuidado, etc. Es evidente que cuanto más estemos estimulados más po­sibilidades existen de una maduración neurólogica y psicológica. Crecemos en cuanto que somos capaces de sentir nuestro mundo interior (fantasías, deseos, etc.) pero también el mundo exterior.
Desgraciadamente en nuestra vida de adultos, estresante y caótica, todo pasa demasiado deprisa, sin posibilidad para paladear (como en primavera) de la multi­plicidad de vivencias, que nos empapan diariamente. Será muy enriquecedor poder vivir cada día, como algo nuevo, distinto, irrepetible, pues cada circunstancia tiene su encanto, al menos en eso, en ser ella misma.
Es esta capacidad de sorprendernos de las peque­ñas cosas lo que nos estimula e impulsa a crecer psicológicamente. De lo contrario, nos convertiremos en témpanos de hielo sin capacidad para sentir y emocionarse ante la sonrisa de un niño o de un anciano, o el simple dibujo de unas nubes de nuestra hija pequeña, por ejemplo.
Explorar
Es una consecuencia de lo anterior. La persona crece psicológicamente cuando no se conforma con lo que tiene sino que se preocupa por descubrir la esencia misma de las cosas. No es una exploración superficial o de chismorreo sino mas bien una autorreflexión de las propias actitudes o acciones.
Explorar significa, pues, intentar descubrir los matices de la relación del individuo con el entorno, y los cambios que se van produciendo dentro de uno mismo. Lo mas opuesto al crecimiento psicológico es quedarse quieto, inmóvil.
Sentir
Si algo define a la pri­mavera es la pluriedad de colores, olores e incluso de sabo­res. Por eso aquello de que la primavera la sangre altera es cierto, desde distintas vertientes. Desde la posición es­trictamente médica es la época donde más se reactivan todos los proceso alérgicos. Desde una perspectiva más psicológica son los meses donde los sentimientos, las emociones están mas a flor de piel (recuérdese el incremento de los cuadros depresivos en esta estación).
Sin llegar a esas manifestaciones patológicas, lo cierto es que también para crecer (psicológicamente) de­bemos permitirnos tomar conciencia de nuestras propias emo­ciones: agresividad, amor, envidia, rencor, solidaridad, etc. Lo negativo no es sentir, sino el pasar a la acción un sentimiento negativo. Por esto, propugnamos una libertad de sentir, que no es sinónimo de una libertad de actuar (poner en práctica los sentimientos negativos: agresividad, etc.).
La fuerza de lo presente
La primavera, por sí misma, es una época esta­cional que nos llena plenamente. No se tiene añoranza ni por el invierno que ha pasado, ni por el verano que debe llegar. En sí misma es un tiempo inestable, pero con una entidad propia.
En el hombre se da este mismo fenómeno: es pre­ciso vivir plenamente el momento presente, sin hipotecarnos por el futuro incierto, ni tampoco amarrarnos a un pasado traumático. Crecer psicológicamente implica que vivimos el "aquí y el ahora" en toda su dimensión, sin condicionamien­tos pasados ni futuros.
Tengo entre mis manos un texto mitad oración, mitad reflexión que afirma que "existen dos días en cada semana de los que no deberíamos preocuparnos: el ayer y el mañana".Y esto por una sencilla razón: a la locura el hombre llega a través de los remordimientos y la amargura de lo que pasó "ayer", y el miedo a lo que "mañana" pueda ocurrir. Y añado yo: a la salud mental se llega al vivir plenamente el "día a día”.
Alejandro Rocamora Bonilla
Psiquiatra
miércoles, 23 de abril de 2014

Vuelvo a casa

Es invierno, y avanzando entre la tiniebla de la última noche, vuelvo a mi hogar. A mi casa, donde el tiempo se detiene al calor del fuego de la chimenea.
Es invierno y un inmenso manto blanco cubre los campos, antaño verdes. No hay belleza posible. La tierra ha cerrado sus frutos y la soledad lo abraza todo. Con el cuerpo aterido y el corazón helado, camino de vuelta a casa, donde Dios es conmigo y me espera preparando la lumbre para quitarme el frío de los huesos. Se que me recibirá su abrazo más cálido, abrazo sanador que limpiará al instante el dolor de la ausencia.
Y es que en mi casa no hay invierno. En ella los campos son siempre verdes, colmados de exuberantes flores, cuyo aroma es capaz de curar mi alma perdida. Dentro de la calidez de mi hogar puedo entender que la gélida estación exterior es sólo pasajera, pues la tierra, como yo, reposa y repone sus fuerzas. Así, donde todo parece perdido, en realidad todo se está transformado, y a su debido tiempo, el calor regresará a mi espíritu y la primavera a mi mundo.
Mi casa, amplia y cómoda, es un templo de silencio. Al calor del hogar, mi corazón llora por los frutos perdidos bajo la nieve. Ya se que a penas nieva, ya se que el hielo que existe se va disolviendo. Ya siento llegar los nuevos tiempos, y en su momento, saldré fuera para recolectar nuevos frutos, más sabrosos y variados.
Trastabillando tras la última caída, atravieso de nuevo la puerta de mi hogar. A mi esencia me entrego sin armas, llorando cuanto deseo, mientras siento su cálido abrazo. ¡Abandoné mi hogar tantas veces sin saberlo! Ahora sólo quiero estar dentro, donde Dios es conmigo y me cura el frío de los huesos, fortaleciendo cada célula de mi cuerpo para que, en cuanto llegue la primavera, pueda volver a salir fuera, renovada y valiente, a gozar la vida.
Cultivaré mis terrenos, recogeré mis frutos y lo haré cantando porque conmigo siempre estará mi casa, el hogar que me permitirá reposar cada noche en su interior de silencio.
Mª José Calvo Brasa
jueves, 17 de abril de 2014

Las personas somos seres sociales

Las personas somos seres sociales que tenemos la necesidad de relacionarnos con otras personas. A nadie nos gusta la soledad, pero… ¡Cuántas relaciones con familiares, amigos, compañeros de trabajo, jefes…se han ido al “garete” a lo largo de nuestra vida por no haber sabido comunicarnos con ellos!
viernes, 11 de abril de 2014

Entrevista a Enrique Martínez Lozano

RELIGIÓN, ESPIRITUALIDAD, NO-DUALIDAD…
Enrique Martínez Lozano es escritor y conferenciante. Psicoterapeuta y teólogo, se ha secularizado hace un año, lo que no ha cambiado un ápice la tarea a la que se dedica en exclusiva desde hace una década: el acompañamiento espiritual de grupos mediante el aprendizaje de la meditación en talleres y retiros por toda la geografía nacional.
Autor de numerosos libros, escribe un comentario semanal del Evangelio en clave no-dual, que puede leerse en su web, y que envía gratuitamente a quien desee recibirlo. La espiritualidad es para él un viaje a la plenitud de nosotros mismos que nos convertirá en personas unificadas y compasivas. La espiritualidad es su tema. El tiempo y el papel se quedan escasos para contener el río de su pensamiento y su experiencia.
¿Enrique, qué es la espiritualidad?
Por decirlo de un modo sencillo, “espiritualidad” hace referencia directa a la dimensión profunda de lo real. Podría añadirse que lo “espiritual” es todo lo real, en su “doble cara”: lo visible y lo invisible, lo manifiesto y lo inmanifestado…, pero no como dos realidades añadidas, sino como los dos rostros de lo único Real.
¿Podemos hablar de una inteligencia espiritual?
Indudablemente. Comprendo que haya personas a las que ese término les rechine, por diversos motivos, y que prefieran usar otro. Pero del mismo modo que no puede haber crecimiento humano sin el cultivo de la inteligencia emocional, tampoco es posible sin el cuidado de la “inteligencia espiritual”.
La espiritualidad es una dimensión humana tan básica y fundamental como la corporeidad, la afectividad o la sociabilidad. Su olvido supone una amputación grave de la persona.
Dicho de un modo más simple: del mismo modo que tenemos necesidades fisiológicas (somos cuerpo) y emocionales-afectivas (somos psiquismo), tenemos también necesidades espirituales que necesitamos conocer, gestionar y responder adecuadamente. Francesc Torralba ha escrito que “el ser humano, sea religioso o no, tiene unas necesidades de orden espiritual que no puede satisfacer ni desarrollar si no es cultivando la inteligencia espiritual”. Es así. Y, personalmente, constato que cada vez son más los padres y educadores que se hallan en esta búsqueda. Es necesario trabajar la “inteligencia operativa” y la “inteligencia emocional”. Pero si nos quedamos ahí, perpetuaremos el estado de “anemia” y, con él, la ignorancia acerca de quienes somos y el sufrimiento.
¿Cuáles son, según tu experiencia, las aspiraciones del hombre de hoy en el terreno espiritual? ¿Hay sed de Dios?
Hay sed de interioridad, de profundidad, de silencio, de plenitud… Porque no se puede soportar demasiado tiempo la anemia. La búsqueda es expresión del hambre y de la sed de Aquello que no puede ser satisfecho con ningún objeto. “¿Dios?”. Siempre que no lo confundamos con la misma palabra ni con ninguna de nuestras imágenes mentales. El Maestro Eckhart decía, en el siglo XIII: “No tengas ningún dios pensado, porque cuando cambie tu pensamiento, ese dios caerá con él”. Y Charo Rodríguez, una poetisa amiga, escribe: “Solo el Dios encontrado, / ningún dios enseñado puede ser verdadero, / ningún dios enseñado. / Solo el Dios encontrado puede ser verdadero”.
Es comprensible que las personas vivan aferradas a imágenes de Dios con las que han convivido desde niños. Sin embargo, para que haya crecimiento espiritual, antes o después se hace imprescindible reconocer que son solo imágenes y dejar caer cualquier representación mental. Solo entonces, estamos disponibles para experimentar y saborear el Misterio. Y es que, como dijera el teólogo y cardenal Nicolás de Cusa, en el ya lejano siglo XV, “Dios es lo no-otro de nada”.
miércoles, 9 de abril de 2014

Comunicación no violenta y relaciones positivas

Las personas somos seres sociales que tenemos la necesidad de relacionarnos con otras personas. A nadie nos gusta la soledad, pero… ¡Cuántas relaciones con familiares, amigos, compañeros de trabajo, jefes…se han ido al “garete” a lo largo de nuestra vida por no haber sabido comunicarnos con ellos!
La comunicación es un rasgo distintivo de la especie humana, y la que más nos diferencia del reino animal. Aprendemos a hablar en torno a los dos años y a escribir alrededor de los seis o siete; la comunicación audiovisual está presente a todas horas en nuestras vidas a través de la televisión, la telefonía, el cine, Internet…Pero tantas herramientas a nuestro alcance, no nos aseguran el éxito en nuestras relaciones personales.
Cuando nos compramos cualquier nuevo modelo del último aparato electrónico que sale al mercado, siempre dedicamos unas horas a leer el “libro de instrucciones” para “aprender” a manejarlo, a disfrutarlo y a sacarle el máximo partido a todas sus prestaciones… Sin embargo, muy pocas personas le hemos dedicado tiempo al “aprendizaje” del arte de la comunicación interpersonal.
Comunicarse adecuadamente con los demás, de forma no violenta, es un arte. Arte que se rige por unas normas, que hay que conocer, aprender y poner en práctica día a día… ¡No es algo que nos salga bien y a la primera intentona de forma natural, y más si hay un conflicto, una simple discrepancia de opiniones, o diferentes puntos de vista o intereses!... Al contrario, lo que a la mayoría nos sale con más facilidad, ya sea por aprendizaje, por impulsividad o por vivir en una sociedad materialista y fuertemente competitiva y egocéntrica, es comunicarnos de forma violenta… Y la violencia en la comunicación tiene muchas caras: los gritos, los insultos, las críticas, los juicios, la ironía, el enfado, la ira y… a veces, hasta el silencio puede ser violento…
Cualquier cosa, menos hablar al otro desde nuestros sentimientos y necesidades. Cualquier cosa, menos “rebajarme” a pedirle al otro lo que quiero y necesito… ¡No vaya a ser que se entere! Mejor obligarle a ser adivino de lo que siento y necesito…Y si no lo adivina, así me da un motivo para enfadarme y culpabilizarle por ello… Y por supuesto, mejor gritar, patalear, estropear una relación, que hacer uso de la empatía para ponerme en el lugar del otro, para intentar comprender sus sentimientos y sus necesidades, para que no haya un “yo gano” y “tú pierdes”, sino un “punto de encuentro” donde ambos ganemos y nos enriquezcamos como personas, puesto que todos necesitamos de todos…
Todo esto, y mucho más, es lo que durante once semanas hemos trabajado en el curso COMUNICACIÖN NO VIOLENTA Y RELACIONES POSITIVAS, bajo la magnífica dirección de Herminio Turrado, nuestro coordinador y con las excelentes aportaciones de todos los compañeros y compañeras participantes.
Para todos vosotros, mi agradecimiento por las generosas aportaciones que habéis hecho en cada sesión y ¡Cómo no!, para el TELÉFONO DE LA ESPERANZA DE LEÓN, mi reconocimiento por la inestimable ayuda que nos prestáis a todos los que estamos trabajando en el proceso de crecimiento personal para mejorar nuestra vida, y con ello, la de todos los que con nosotros se relacionan.
¡Gracias!
Mercedes García